lunes, 20 de noviembre de 2017

EFEMERIDES MARÍTIMAS Y NAVALES

Colaboración del C. de N. Edgardo Loret de Mola
Responsable de la edición: Rosario Yika Uribe

Fuente: Cinco siglos del destino marítimo  del Perú, de Esperanza Navarro Pantac: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, 2016

 Efemérides Navales de Hoy 19 de Noviembre


19 de noviembre 1546: Pedro Alonso de Hinojosa rinde en secreto ante La Gasca la armada de Gonzalo Pizarro. 


19 de noviembre 1567: Zarpa del Callao la expedición de Álvaro de Mendaña, con las naos Los Reyes (capitana) y Todos los Santos (almiranta), que va a descubrir en febrero de 1568 las Islas Salomón en el océano Pacífico. El virrey Lope García de Castro apoya la empresa.


19 de noviembre 1567: Zarpa del Callao la expedición de Álvaro de Mendaña, con las naos Los Reyes (capitana) y Todos los Santos (almiranta), que va a descubrir en febrero de 1568 las Islas Salomón en el océano Pacífico. El virrey Lope García de Castro apoya la empresa.


ALVARO DE MENDAÑA Y EL DESCUBRIMIENTO DE LAS ISLAS SALOMÓN
Publicado el 24 julio, 2016 por Javier Martínez Álvarez
Una brisa salada acariciaba el rostro barbado y serio del líder de la expedición. Después de semanas navegando hacia la Terra Australis Incognita, la fatiga y desaliento cundía en las dos naves. Los marineros, hombres experimentados y audaces listos para la aventura que un tiempo antes no dudaron en embarcarse en esa locura, ahora se encontraban con dudas con respecto a sus capitanes, con miedo al inmenso Océano y con la resignación de una muerte cercana.

De forma repentina, un grito se oyó por decenas de metros a la redonda. La tripulación, incrédula, se miraba entre sí sin dar crédito a lo que oían. En el rostro anteriormente serio del Adelantado se empezó a dibujar una sonrisa condescendiente mientras en la cubierta del barco gritos de alegría y sinceras carcajadas de felicidad se contagiaban con inusitada rapidez. Acababan de avistar tierra y sus nombres pasarían a la historia.

En el año 1541 nacía en el pueblo de Congosto un niño que se conoció en la posteridad como Álvaro de Mendaña. Era hijo de Fernán Rodríguez de Mendaña, descendiente de los Barrios y de Ysabel de Neira, de Villanueva de Valdueza y hermana del futuro gobernador del Virreinato del Perú, Lope García de Castro. El apellido Neira llevó a los primeros investigadores sobre Álvaro de Mendaña a afirmar que su nacimiento se produjo en Galicia, algo totalmente errado y que se refutó con abundante documentación que certifica su procedencia berciana.

Durante 21 años se crio en el Bierzo, en las fincas y posesiones de su familia, hasta que llegado el momento llegó el turno de hacer las Américas. Puso rumbo al Virreinato del Perú, adonde su tío se dirigía para entrar en posesión de su cargo como Presidente de la Real Audiencia de Lima y gobernar la región sin ser Virrey formalmente. Allí manifestó un gran interés en la marinería, donde se formó adecuadamente gracias a la influencia de su tío y lo prepararon para las tareas que le encomendarían luego.

Una de las leyendas más conocidas en esa época era la de las minas del Rey Salomón, unas minas de oro míticas, mencionadas en la Biblia, que se hallaban en la misteriosa tierra de Ofir y que estaban llenas de grandes riquezas. Esta leyenda llevó a los españoles a creer en un rumor muy extendido entre los indígenas sobre unas islas situadas al oeste de América y en las que el oro prácticamente las cubría. Una leyenda similar a la del Dorado, pero que en este caso identificaron con las minas del Rey Salomón. Junto con esta leyenda se incluía la de la Terra Australis Incognita, que se trataba de un continente mítico al sur del globo que aparecía en muchos de los mapas de la época y que se creía que servía de contrapeso de las tierras del norte.


Alimentados de una mezcla de fanatismo religioso, codicia por el preciado metal e interés por lo desconocido, en el Virreinato del Perú se comenzó a organizar una expedición para buscar esas islas. Como se dijo anteriormente, Lope García de Castro era el Virrey a todos los efectos excepto en el nombre y en un ejercicio de nepotismo, eligió a su sobrino para dirigir la expedición. Esta elección sentaría realmente mal a Pedro Sarmiento de Gamboa, gran prohombre español de la época y que se consideraba como el que más méritos tenía para dirigir la expedición.

El 20 de noviembre del año 1567, partían del puerto del Callao dos Naos de 200 y 140 toneladas con 160 hombres a bordo que partían rumbo a lo desconocido. La Nao capitana se llamaba Los Reyes y la Nao almiranta era la Todos los Santos. Para la ruta a seguir se presentaron dos propuestas diferentes, una preparada por Pedro Sarmiento de Gamboa y otra por Hernán Gallego, que fue la finalmente elegida por Álvaro de Mendaña. De haber elegido la otra ruta, hoy estaría escribiendo sobre el descubrimiento de Australia y no de las Islas Salomón. El día 10 de enero de 1568, la expedición se encuentra con una pequeña isla, probablemente la actual Nui, en Tuvalu, la que según el explorador era: "Pequeña y poblada por gente amulatada"

Continuando con su travesía y 80 días después de haber iniciado el viaje, el vigía de la Nao capitana gritó tierra a la vista; acababan de llegar a la isla de Santa Isabel. En la costa divisaron indígenas desconfiados con los cuales intentaron contactar. Para ello se valieron de canciones y música y así demostrar que no tenían intención de hacerles algún daño. Esta artimaña tuvo éxito y consiguieron desembarcar. Asentados en Santa Isabel, se empieza a confraternizar con el jefe local y su tribu, descubriendo así la existencia de pepitas de oro y perlas. Se ordena la construcción de un bergantín para explorar los alrededores y se manda a dos grupos al interior de la isla. Uno de los grupos se encuentra con oposición, produciéndose el primer muerto español; por el contrario, el otro grupo sube a lo alto de una sierra comprobando que el lugar en el que se encuentran es una isla y no un continente.

Una vez terminado de construir el bergantín, éste parte durante un mes en el cual se encuentran con una isla cuyo volcán está en erupción; en otra conocen indígenas caníbales; descubren islotes pequeños y grandes y sobre todo avistan una isla de grandes proporciones y gran resistencia de sus habitantes. Dicha isla es descubierta por Pedro de Ortega, natural del pueblo sevillano de Guadalcanal y que a partir de ese momento dará nombre a esa nueva tierra. Esta isla es muy conocida debido a la terrible batalla acontecida durante la Segunda Guerra Mundial. Después de partir de Guadalcanal, siguen explorando un poco más, realizando algunos nuevos descubrimientos y llegando casi a Nueva Guinea donde finalmente deciden retornar y volver a Santa Isabel.


A su vuelta y después de contar sus hallazgos, toda la flota se dirige a Guadalcanal, llegando allí el 8 de mayo. Ese mismo día, Álvaro de Mendaña bautiza la zona como las Islas Salomón. Nada más llegar comienzan los primeros enfrentamientos. Durante la exploración en Guadalcanal, las rencillas con las tribus serán constantes y las escenas más macabras se sucederán. Durante la búsqueda de víveres, la exploración del interior y en toda suerte de situaciones, la muerte perseguirá a los españoles, siendo comidos en ocasiones por los indígenas. También serán mutilados y despiezados. Como ejemplo, Álvaro de Mendaña habla varias veces de como a sus hombres: "Les cortaron en pedazos y les abrieron los cráneos”. O también como: "Se les encontró sin dientes, con los cráneos partidos y evidencias de que les faltaban sus sesos, y a muchos les cortaron sus lenguas.” Evidentemente, los españoles no eran inocentes y muy de seguro hicieron sus fechorías más de una vez, pero por desgracia solo tenemos una parte de la historia. Cuando terminaron de explorar Guadalcanal en el mes de agosto, partieron rumbo a casa por fin, descubriendo por el camino la isla de San Cristóbal, en la cual cogieron a indígenas que se llevaron a las Indias para mostrárselos a las autoridades.

El camino fue tortuoso y lento. El escorbuto, la sed y el hambre mataron a muchos marineros. En un momento del trayecto ambas naves se separaron e incluso una de ellas perdió el palo mayor. Finalmente llegaron a México en enero de 1569 con varios días de diferencia la una de la otra. En julio de 1569, llegan al puerto de Callao desde donde partieron casi dos años antes. Con ellos traían algo de oro, perlas, indígenas y especias como clavo.

19 de noviembre 1967: Homenaje al Hombre de Mar se tributa hoy en el Callao, con asistencia del presidente de la República, ministros de Estado, cuerpo diplomático y altos jefes y oficiales de los Instituto Armados. El presidente de la Comisión Conmemorativa de la Semana del Mar, contralmirante Federico Salmón de la Jara, tiene a su cargo el discurso de orden. Se develará un símbolo alusivo en el Molón Oeste del Muelle de Guerra en la Plaza Grau del Callao. (Tanto en la foto superior como la inferior se puede apreciar el símbolo al hombre del mar en el Molón Oeste del Muelle de Guerra y, la tercera foto, es algo muy especial que he hallado en la búsqueda: Un gráfico del Muelle de Guerra que indica su fecha de inicio 18 julio 1693 y terminación 26 mayo 1696, fabricado por orden del Conde la Moncloba, Virrey del Perú: ¡Vaya que si tiene historia nuestro Muelle de Guerra! ¡322 años!)





EFEMERIDES MARÍTIMAS Y NAVALES

Colaboración del C. de N. Edgardo Loret de Mola
Responsable de la edición: Rosario Yika Uribe

Fuente: Cinco siglos del destino marítimo  del Perú, de Esperanza Navarro Pantac: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, 2016

 Efemérides Navales de Hoy 18 de Noviembre


18 de noviembre 1797: Se da la autorización para comerciar con las provincias de ultramar: La Corona permite, como uso extraordinario, expediciones en buques neutrales desde puertos españoles o extranjeros que mantengan la neutralidad. 

Pequeño extracto de "LA CUESTIÓN DEL COMERCIO NOVOHISPANO LLEVADO A LAS CORTES POR LA ULTIMA LEGISLATURA NOVOHISPANA EN LAS EXPOSICIONES DEL DIPUTADO TOMÁS MURPHY (1821-1822) de Gabriela Sofía González Mireles de la UNAM de México

Un diputado que destacó en las últimas legislaturas de las Cortes a las que asistió la delegación de diputados novohispanos, fue Tomás Murphy Porro, a quien un autor de la época lo describió así: “Lo rubio, lo jovial y algunos otros caracteres bien prominentes y exteriores aíslan y marcan a este señor diputado. Por lo que hace a cualidades interiores, el señor Mur es penetrativo, laborioso como el que más, arancelista en grado heroico”.10 En las siguientes líneas pretendo utilizar las exposiciones de este personaje en las Cortes, como hilo conductor para conocer cuál fue la postura de la última legislatura novohispana frente a la protección y/o libertad del comer- cio americano, discurso que tuvo continuidad en las pugnas de los grupos políticos que conformaron la nación mexicana hasta al menos la primera mitad del siglo XIX.

Tomás Murphy (18 de octubre de 1765-13 de febrero de 1830) nació en Málaga, de padre irlandés y madre malagueña, y su familia formó parte de una dinámica red de comercio, impulsada por la Compañía de Navieros de Málaga, empresa privilegiada por el secretario general de Indias, José de Gálvez con el monopolio para transportar papel y naipes a la Nueva España. A partir de esta empresa, fue que la familia Murphy estableció rela- ciones comerciales sólidas en los puertos de Veracruz, La Habana y Cádiz, comerciando con vino, aceite, pasas y manufacturas europeas reexportadas a cambio de plata, azúcar y cacao.

Como parte de la estrategia de negocios de esta compañía de comercio, Tomás Murphy cambió su residencia a Veracruz en 1791, como ayudante de su tío Pedro Porro con la consigna de apoyar el negocio familiar y de abrirse puertas él mismo como comerciante. Lo que cumplió en poco tiem- po, pues para 1795 estableció su propia casa de comercio en sociedad con su tío, que se llamó Murphy y Porro, comerciando principalmente con vino, aceite, azúcar, granos, harina y algodón. Esta empresa vivió un momento de gran auge a partir de 1797, durante una etapa que dentro de la historia del comercio novohispano se ha denominado “comercio neutral” y que se caracterizó por un crecimiento sin precedente del tráfico comercial en 
el imperio español, gracias a la autorización de la Corona española para que entraran a sus puertos embarcaciones extranjeras con banderas neu- trales, durante las diferentes guerras que sostuvo en Europa, iniciando con la de Inglaterra en 1797-1802. En este periodo creció particularmente el comercio gracias a estos permisos que favorecieron a sus comerciantes, ya fuera con sus propias casas comerciales, asociados a casas extranjeras y/o como sus agentes. Destacando en estos dos últimos casos las asociaciones con casas de comercio estadounidenses, con quienes se establecieron rutas para transportar mercancías desde diferentes puntos del imperio español (en la península y América), incluyendo también manufacturas inglesas reex- portadas, y exportando los productos novohispanos más demandados en el mundo: plata, tintes (grana, palo de Campeche y añil), azúcar, cacao, entre otros. Murphy y Porro fue una las casas comerciales más dinámica de este periodo y un claro ejemplo del auge en el tráfico mercantil de estos años.


18 de noviembre 1835: Se subleva en Iquique la guarnición y tripulación de la goleta de guerra Peruviana. Envían a tierra a su comandante y oficiales, y la nave se da a la vela con rumbo desconocido. (En la pintura de Alvaro Casanova Centeno, se aprecia la goleta Peruviana navegando con pabellón chileno luego que fuera capturada el 3 de enero de 1838 en el Callao durante una incursión nocturna que, sin previa declaración de guerra, realizó una escuadra chilena al mando de Victorino Garrido)

18 de noviembre 1879: Captura de la cañonera Pilcomayo por la escuadra chilena. (En la foto, la Pilcomayo ingresa al dique de Talcahuano)

Parte de Manuel Villavicencio sobre la captura de la Pilcomayo
A bordo del trasporte "Chalaco" Noviembre 20 de 1879.
S. M. de O.

Sírvase V. S. elevar al señor contra-almirante, comandante jeneral de marina, el presente parte referente al encuentro del blindado chileno Lord Cochrane con la corbeta Union, cañonera Pilcomayo i el trasporte de mi mando, que tuvo lugar el 18 del presente, frente a la quebrada de Tambo.

A las 12 P. M. del 17 zarpé del puerto de Arica, habiéndolo hecho la cañonera Pilcomayo a las 11.30 P. M., i la corbeta Union a las 11 P. M.; en toda la noche se navegó sin avistarnos i sin ocurrir novedad alguna. A las 5 A. M. del dia siguiente apareció la Pilcomayo por la mura de babor, i teniendo a las 7.30 A. M. la Punta de Coles a la cuadra, hice rumbo hacia Mollendo.
 
A las 9.30 A. M. se avistó en esta dirección un humo de vapor que se creyó ser la Union; pero poco tiempo después apareció esta corbeta acercándose a toda fuerza a la Pilcomayo i el humo avistado se dirijió del mismo modo sobre ambos; a la distancia que nos hallábamos no se podia apreciar qué clase de buque era aquel, aunque indudablemente enemigo.

La corbeta i la cañonera se encontraron mui cerca a las 10 A. M. i cambiaron señales: la primera hizo después rumbo a Suroeste, i la segunda al Sureste e hizo dos tiros, probablemente para advertirnos la presencia de buque enemigo. Habiéndome apercibido de ello desde antes i viendo el movimiento de los buques, intenté al principio forzar el paso siguiendo el mismo rumbo; pero encontrándolo riesgoso, traté de replegarme a nuestros buques. Reconocido que el buque enemigo era el blindado Lord Cochrane i viendo, por consiguiente, la imposibilidad de un combate por parte de nuestros buques i que estos se retiraban en distintas direcciones, como he dicho antes, viré inmediatamente a las 10.30 A. M., estando a cuatro millas de distancia del blindado, haciendo rumbo sobre Arica, tanto por tener allí el paso franco cerca de tierra, como para barar el buque en caso necesario en algunas de las caletas resguardadas por nuestras fuerzas, i para determinar lo mas conveniente para evitar que el buque fuese apresado. 

Poco tiempo después comprendí que el blindado se concretaba a la caza de la cañonera, i tanto por esto, cuanto porque el andar de mi buque aumentaba la distancia que me separaba del blindado, viré nuevamente frente a la Punta de Coles (a una milla de distancia) i continué mi viaje a este puerto habiéndome acercado a esta costa hasta para evitar la presencia de algun otro buque enemigo que la cruzase con el Cochrane. A pesar de los movimientos hechos con el buque de mi mando, el Cochrane no abandonó la persecución que se propuso desde un principio i a pesar aun de haber estado a las 10.30 A. M. mucho mas cerca del Chalaco que de la cañonera, lo que prueba ciertamente que contaba con el mismo andar de ella i con la seguridad que mi buque escaparía de su persecución o embarrancaría. 

Con el doloroso sentimiento que me embargaba, viendo perseguir nuestra débil cañonera por un poderoso blindado, impedido de ir a llenar a su lado un sagrado deber, tanto por la debilidad de mi buque, cuanto por los numerosos chilenos presos que conducía a bordo i no consiguiendo distraer la atención del enemigo mediante mis movimientos, quizá algo riesgosos, presencié hasta las 2.30 P. M. esa lucha del fuerte para alcanzar al débil que maniobraba con intelijencia i serenidad por quitar al enemigo un triunfo triste i sin gloria.

Manifestaré a V. S. las circunstancias que pude apreciar con aproximación durante el tiempo de la persecución de la cañonera. A las 10.30 A. M., distaba ésta del enemigo 7 millas mas o menos, i según la dirección de aquella, parecía que trataba de hacer rumbo sobre Arica, i el Cochrane navegaba paralelamente del lado de tierra para cortarle la retirada; así continuaron, como es natural, a toda fuerza i se notaba que el blindado le iba entrando; a la 1 P.M. la distancia había disminuido no menos de milla i media; entonces la cañonera cambió de rumbo largo i cazó sus velas por estribor quedando de la vuelta de afuera, maniobra que juzgué conveniente desde el principio. A la 1.30 P.M., que me hallaba frente a Punta de Coles, los buques se encontraban enfilados, no pude ya apreciar la alteración de la marcha, la distancia a nuestro buque aumentaba rápidamente. A las 2 P. M. habia desaparecido la cañonera en la bruma que habia aquel dia, i media hora después, el blindado, quedando para nosotros todo envuelto en esa nube misteriosa. A esa hora habia regular brisa cerca de la costa; i si, como es natural, afuera era mas fresca i favorable, es probable que la cañonera haya sostenido la distancia que le separaba del blindado hasta entrada la noche i entonces haber desorientado al enemigo.

A fin de ilustrar la comprensión de los acontecimientos efectuados por los cuatro buques en este fatal encuentro, acompaño a V. S. un plano con los datos tomados desde a bordo, con la aproximación que se ha podido apreciar.

Dios guarde a V. S.
MANUEL  VILLAVICENCIO.


Parte de C. Ferreyros comandante de la Pilcomayo

A bordo del vapor Loa, al ancla en Pisagua, noviembre 22 de 1879.

Señor General Ministro, en el despacho de Guerra y Marina:

Habiendo zarpado del puerto de Arica la corbeta Unión a las 10 P. M. del 17 del que cursa, me puse en movimiento con esta cañonera siguiendo sus aguas, perdiendo muy pronto de vista a la corbeta por la oscuridad de la noche, y navegar nosotros a media fuerza para dar tiempo a que el Chalaco, que también debía zarpar, se reuniese al convoy, siguiendo así con rumbo al n. 70, O. hasta el amanecer, en que avistamos a este transporte por nuestra aleta de estribor.

A las 8 A. M. nos hallábamos a 25 millas al noroeste de punta de Coles con rumbo a Mollendo, cuando el vigía anunció un humo por el norte, el que una hora después reconocimos ser el de la Unión, avistándose en este mismo momento, por nuestra armadura de estribor y hacia el lado de tierra, otro humo. A las 9.50 A. M. la Unión, que había puesto la proa hacia el sureste, gobernando en nuestra demanda, hizo un tiro de cañón, izando señales que no fue posible distinguir por la distancia que nos separaba. Comprendiendo que el vapor avistado hacia el sur suroeste, era enemigo, hizo un disparo de alarma al Chalaco el que inmediatamente se dirigió hacia nosotros.

A medida que se acercaba la Unión pudimos distinguir sus señales que decían: "buque enemigo a la vista", y enseguida nuevas señales anunciándonos que el buque enemigo era un blindado. Pocos momentos después lo vimos por nuestra popa en demanda del Chalaco.

A las 10.15 A. M. la Unión gobernaba hacia fuera, cruzando nuevamente por nuestra popa a distancia de 500 yardas. El Chalaco lo hacía al sur, distando la costa veinte millas. El blindado que nos daba caza estaría de seis a siete millas de distancia. Navegamos así a toda fuerza de máquina, con una velocidad máxima de diez millas, que era cuanto podíamos hacer, hasta las 12 M. en que perdimos a la Unión por nuestra cuadra de estribor, quedando el Chalaco entonces, por haber variado su rumbo, muy pegado a la costa con dirección a Pacocha. Desde este momento noté que la persecución del blindado era dedicada única y exclusivamente a la Pilcomayo, a pesar de que el Chalaco, cuya primera maniobra lo había acercado al enemigo, había llegado a estar más inmediato a éste que a nosotros; notando además, por medio de repetidas observaciones con el micrómetro, que el blindado nos ganaba en el andar a razón de más de una milla por hora, siendo la distancia que nos separaba en ese momento de cuatro o cinco millas.

En esta situación, entre los dos recursos que me quedaban, o bien dirigirme a tierra, de la que distaba más de 20 millas próximamente, con el objeto de embarrancar el buque, o tomar la vuelta de afuera y aprovechando así la brisa, que aunque floja, se dejaba sentir, tratar si posible era, de ganar en velocidad al enemigo, opté por el segundo, pues a más de ser grande la distancia que me separaba de la costa, abrigaba el fundado temor de que llevando al enemigo en la dirección en que el Chalaco ganaba la tierra, fueran dos los buques que perdiera la nación. Practicada esta maniobra en consecuencia, y orientadas las cuchillas, varió su rumbo el blindado, acercándose rápidamente a nosotros, pero alejándose del Chalaco.

A las 2 P. M. calmó la brisa y teniendo la marejada de proa, nuestro andar apenas se mantenía en las 10 millas, a pesar de hacer todo esfuerzo en la máquina para aumentar su velocidad, no distando ya mucho el momento en que iba a encontrarse la cañonera a tiro de la poderosa batería de su enemigo. Convencido pues, que la huida era imposible, reuní a la oficialidad en consejo y unánimemente manifestó ésta que el último recurso adoptable, atendido a lo crítico de nuestra posición, era el de inutilizar la nave sumergiéndola e inutilizándola, batiéndose en retirada hasta conseguir practicar estas operaciones.

A las 3 P. M. variando la distancia entre 3.500 y 4.000 yardas, rompimos los fuegos con el colisa de 40 de la toldilla, y ordené que un oficial se instalara en la sección de máquina y procediera a hacer abrir y destrozar las válvulas y grifos, mientras que otro lo hacía con los de la Santa Bárbara. Asimismo se hizo derramar en las cámaras y sollados todas las sustancias inflamables que poseíamos, y se les dio fuego. Los cañones de la sección de popa se abocaron sobre las escotillas de la cámara de oficiales, disparándolos oblicuamente sobre los fondos, los que produjeron una perforación bajo la línea de agua y otra en la línea de flotación. Procedí enseguida a hacer botar libros de señales, correspondencia oficial y particular y demás documentos del buque. Se destruyeron las bombas y rompieron las lumbreras del costado. Mientras se verificaba todo esto, continuábamos haciendo fuego con el colisa de popa, logrando disparar en todo hasta 19 tiros con granadas, muchas de las que, tocando el costado del enemigo, hacían explosión sin producir ningún efecto. Estos tiros fueron contestados con 3 de a 250 y algunos de menor calibre, ocasionando los de 250 la rotura de la maniobra y pera del pico trinquete, y el corte de los amantillos de la botavara a una altura de diez pies sobre la toldilla. Los otros tiros cayeron a nuestro costado, sin tocarnos.

Conformé observé que el fuego de las cámaras se hallaba próximo a los pañoles en que estaban depositadas las bombas cargadas, saliendo las llamas por la escotilla de la segunda cámara, parada la máquina a causa de que el agua que entraba en gran cantidad había inundado las hornillas, y habiéndome manifestado los ingenieros la imposibilidad de que pudieran los enemigos salvar el buque, ordené arriar las embarcaciones menores, y que se embarcara la dotación, quedándome a bordo con la oficialidad que no quiso abandonarlo.

El Blanco Encalada, que reconocimos ser el blindado enemigo, por la insignia del contralmirante que enarbolaba en el palo de mesana, se hallaba a tiro de rifle por nuestro costado de babor, y observando que los pabellones no se arriaban, rompió el fuego con las ametralladoras y rifleros de sus cofas por espacio de diez minutos.

La circunstancia de haber dejado a mi salida de Arica la ametralladora y armas menores que hacían gran falta y que debían ser repuestas en el Callao, me imposibilitó para adoptar una resistencia que hubiera sido siempre estéril.

A las 4.30 P. M. las embarcaciones del Blanco nos abordaban conservando nosotros nuestros pabellones al pico y tope, que fueron arriados por los enemigos, los que inmediatamente se dirigieron a combatir el incendio e inundación, obligando a nuestros 1º y 2º ingenieros a que les enseñaran el lugar de las válvulas y las cerrasen provisionalmente. A esta hora las dos cámaras eran presa de las llamas y el agua alcanzaba a 10 pies en la sentina, estando la Santa Bárbara totalmente inundada. El fuego de proa, que no había tomado tanto incremento, continuaba sin embargo.

El señor teniente Goñi, que comandaba la gente que nos abordó, se acercó al puente donde me encontraba con toda la oficialidad, y me notificó que iba a hacer regresar a toda nuestra gente a bordo, y que si no tratábamos de hacer apagar el incendio, nos iríamos a pique o volaríamos todos, a lo que contesté que habíamos cumplido con nuestro deber y aceptábamos las consecuencias.

A las 5 P. M. próximamente fui trasladado al Blanco, junto con la oficialidad, habiendo sido ya trasbordada anteriormente, de las embarcaciones menores, toda nuestra tripulación.

En el encuentro con el Blanco no hemos tenido felizmente ningún muerto, habiendo resultado heridos ligeramente el marinero Pedro Álvarez y el cabo 1º de la guarnición Rufino Chuquihuanca con un balazo en la cara y otro en la muñeca derecha.

Los esfuerzos hechos por la tripulación del Blanco para salvar a la Pilcomayo han sido grandes, trabajándose constantemente día y noche, atracándola al costado del blindado para aplicarle las poderosas bombas a vapor de éste, habiendo estado a punto de ser abandonada varias veces por la enorme cantidad de agua que hacía. Desgraciadamente el buen estado del tiempo y del mar favoreció estos esfuerzos, lográndose remolcarla navegando tan sólo a razón de 1 a 2 millas por hora, y aguantándose el blindado constantemente sobre su máquina, para evitar que se hundiera ésta en los pequeños balances que daba.

El jueves 20 a las 10 A. M. fondeamos en este puerto de Pisagua y fuimos trasbordados inmediatamente, oficialidad y tripulación, a bordo de este transporte de guerra, donde permanecemos hasta hoy.

Antes de terminar, creo de mi deber hacer presente a V. S. que tanto los jefes como oficiales y maquinistas, han perdido completamente sus equipajes a consecuencia del incendio de las cámaras.

Cábeme la satisfacción de mencionar a V. S. que la dotación de la cañonera, durante todo el conflicto, cumplió con su deber, conservándose hasta el último momento inalterable el orden y la disciplina.

Dios guarde a V. S.

CARLOS FERREYROS


Parte de Nicolás Portal sobre la captura de la Pilcomayo

Corbeta Unión
Al ancla, Callao, Noviembre 20 de 1879.
Señor Capitán de Navío Mayor de Órdenes del Departamento.

Señor Mayor:
En la noche del 17 del presente vino a bordo el señor contra-almirante, Comandante Jeneral de las fuerzas i baterías de Arica, i me dió orden de salir inmediatamente con dirección a este puerto. Posteriormente, i cuando se elevaba el ancla, fui llamado a tierra por S. E. el Supremo Director de la guerra, quien se sirvió reiterarme la orden perentoria que ya habia recibido. En cumplimiento de ella, zarpé de este puerto a las 10. 35 P.M. haciendo rumbo franco de Punta de Coles. 

Se navegó sin novedad hasta las 8. 50 A.M. del 18, en que encontrándome al Norte de Pacocha, fué avistado un humo por la mura de estribor; en son de combate continué su dirección, i reconocido el enemigo, viré en busca de la Pilcomayo i Chalaco, que sabia que ambos, como la corbeta, habían recibido orden de venir al Callao; momentos después fueron reconocidos el Chalaco, navegando cerca de la costa, i la cañonera mar afuera. Con la proa a cortar su rumbo, se les llamó la atención con 3 disparos de cañón, i estando mas cerca de ellos se les avisó por señales la presencia de un blindado enemigo. Ambos buques inmediatamente emprendieron su retirada acercándose a la costa, i el buque de mi mando, que era perseguido por el enemigo, evolucionaba por el Oeste, con poco andar, para distraerlo en su persecución i permitir que nuestros buques ganaran camino al Sur.

Esta operación fué conocida por el enemigo, i a las 10 A. M. hizo proa sobre la Pilcomayo; poco tiempo después, notando probablemente que el Chalaco avanzaba menos, emprendió la caza sobre este último.

En ese momento la distancia del blindado al buque mas próximo, era mas o menos de 5 millas. La corbeta continuó su evolución doblando el enemigo hasta tomar su rumbo primitivo Norte 72 ° Oeste. A la altura de Mejía se avistó a las 3 P. M. un vapor al Sur con su aparejo de cuchillas en viento, i sujiriéndome esta circunstancia la idea de que fuera otro buque enemigo, me puse en su persecución a toda fuerza de máquina.

A las 4. 40 P.M. reconocí que era el vapor inglés Valdivia que entraba al puerto de Mollendo, i poco después la corbeta. Aguantados sobre la máquina se recibió al capitán del puerto, quien me participó que el Chalaco habia salido de la persecución haciendo rumbo al Norte, no teniendo noticias sobre la Pilcomayo; pero atento al andar que desarrolló ese buque desde el principio, i a la distancia que lo separaba del blindado, es de suponer que, emprendida la caza sobre ella, no haya podido ponerse a tiro de cañón antes de estar protejida por las baterías de Arica.

Telegrafié al señor Director de la Guerra, poniendo en su conocimiento todo lo ocurrido i participándole que continuaba al Callao.

De Mollendo, que zarpé a las 5 P. M. a este puerto, en que he fondeado a las 3.20 P.M., no ha ocurrido novedad a bordo.

El estado jeneral que tengo el honor de adjuntar, dará a V. S. cabal conocimiento de las circunstancias en las que en el dia de la fecha se encuentra el buque de mi mando.

Dios guarde a V. S., señor Mayor.
NICOLÁS F. PORTAL .


Parte de Galvarino Riveros sobre la captura de la Pilcomayo

Comandancia Jeneral de la Escuadra.

Pisagua, Noviembre 20 de 1879.
Señor Ministro:

A la 1 A. M. del 17 del corriente zarpé de esta bahía con el blindado Blanco Encalada, proponiéndome efectuar una escursión por la costa peruana hasta el puerto de Islai. La hora de mi salida fué subordinada a la del vapor de la carrera fondeado en este puerto aquella noche, i que zarpó de aquí a las 11 P. M. del día 16. El retardo de mi partida tuvo por objeto el evitar que aquel vapor llevase a Arica la noticia de mi movimiento, poniendo en guardia al enemigo. Mi rumbo a la salida de Pisagua fué al Noroeste calculando llegar al frente de Islai al amanecer del 18, i a las 5 A. M. de ese dia me encontré en aquel puerto, en el cual no habia nave alguna. Desde allí, mui próximo a la costa, seguí mi derrotero hacia el Sur. A las 6 A. M. pasé delante de Moliendo, donde existen tres fortificaciones artilladas, las que, al avistarme, se prepararon a la defensa. En esta bahía no se encontraba ningún buque. Siguiendo mi marcha, i como a las 8.50 A. M., se avistaron hacia el Sur tres humos de vapores, que al poco tiempo se reconocieron ser la Unión, la Pilcomayo i el Chalaco, naves de la escuadra peruana. Según noticias obtenidas posteriormente, esas naves habían salido de Arica al amanecer de aquel dia, dirijiéndose al Callao.

Conociendo el andar de los buques enemigos, comprendí que, no pudiendo dar caza a la Union con éxito seguro, debía consagrarme a la persecución de la nave de guerra enemiga que me diese, por su marcha, probabilidades de captura. Ordené al comandante del Blanco que emprendiese la caza de la Pilcomayo, i esa persecución comenzó frente a la caleta Pacui, marchando el blindado con toda la fuerza de su máquina. Progresivamente las distancias se fueron acortando de tal manera que a las 11 A.M. la Union se desprendió completamente de su convoi, puso proa al Oeste i poco después tomó rumbo directo al Norte, perdiéndose de vista al poco tiempo. El Chalaco, pegado a la costa, siguió igual rumbo, mientras el Blanco continuaba su persecución a la Pilcomayo.Esa persecución se prosiguió con tenacidad durante cinco horas i en una ostensión como de sesenta millas.

A las 2.50 P. M. la nave perseguida disparaba sobre el Blanco su primer cañonazo, separándonos una distancia de cinco mil metros; sin preocuparme de los disparos del enemigo, seguía acortando la distancia. La Pilcomayo continuó haciendo fuego con punterías por elevación bien dirijidas, pero que pasaban sobre la arboladura del blindado. Solo dos proyectiles chocaron contra los costados del blindado Blanco Encalada, sin causar daño alguno. Mientras tanto, la distancia se iba estrechando rápidamente. A las 3 P. M. esta distancia era de cuatro mil doscientos metros. En ese instante ordené romper el fuego, i nuestro primer proyectil rompió el pico de trinquete de la arboladura enemiga, i estalló a pocos metros delante de su proa. Siguió inmediatamente otro disparo, pero en esos momentos ya pudo notarse, desde a bordo, que se arreaban los botes de la Pilcomayo i que se embarcaba en ellos alguna jente, a la vez que el buque detenia su marcha. El Blanco Encalada continuaba avanzando, i como la bandera enemiga flameaba aun en la nave atacada, se hizo un tercer disparo con los grandes cañones del Blanco, i a corta distancia algunos otros con los cañones pequeños de cubierta i con las ametralladoras i rifles.

Eran las 3.20 P. M. La jente que habia ganado los botes arriados en la Pilcomayo, se mantenia no lejos de aquel buque, comenzando a dirijir hacia el blindado señales de rendición, ajitando en el aire algunos lienzos blancos. El fuego cesó en ese instante i casi inmediatamente hice salir un bote de a bordo, enviando a la nave rendida a un oficial con algunos soldados. La abordaron éstos, arriaron la bandera peruana i colocaron en su lugar la chilena. Nos encontrábamos al frente de punta Chocota. Casi al mismo tiempo que se desprendían los botes de la Pilcomayo, se notó que se habia declarado un incendio hacia la popa de ese buque. Cuando se tomó posesión de él, el incendio tenia ya proporciones consid«rables i se vio que habia comenzado en la cámara del comandante. Según la declaración de ese jefe, el fuego se habia prendido con la idea de que el buque incendiado se hundiera en el mar. Trasbordados al Blanco Encalada los comandantes, oficiales i tripulación de la nave rendida, consagré todos mis esfuerzos a salvarla para que pudiese mas tarde prestar servicios en la marina de la República. El incendio, estimulado por el fuerte viento que soplaba en aquel dia, fué adquiriendo proporciones alarmantes; de tal manera, que hubo un momento en que se creyó imposible la salvación de aquella nave.

Los señores comandantes i oficiales, lo mismo que la tripulación del blindado, se reunieron en un laudable empeño de esfuerzo i de fatigas para lograr el objeto que me proponía. Se trajo a la Pilcomayo al costado del Blanco Encalada, i usando de las poderosas bombas de este buque i cortando el fuego a la vez con el agua i con las hachas, se logró después de dos horas de incesante i rudo trabajo, poder llegar a dominar el incendio. A la vez que se practicaba esa operación, se hacia trabajar al buzo de este blindado en tapar una via de agua abierta en la línea de flotación i se hacían cerrar las válvulas. Esa via de agua fué hecha con el intento de que el buque se fuera pronto a pique por un cañonazo de las propias piezas de la Pilcomayo, disparado sobre su cubierta por orden de su comandante. Cuando se tuvo la seguridad de haber salvado el buque, ordené al comandante del blindado que lo tomase a remolque, i he entrado con él a este puerto hoi a las 7 A. M.

Recibí como prisioneros a bordo del blindado al señor comandante de la Pilcomayo, que lo era ya de la corbeta Union, capitán de navio don Carlos Ferreyros, a su segundo, capitán de corbeta graduado don Octavio Freiré i a todo el cuerpo de oficiales. La tripulación prisionera entre comandantes, oficiales, marineros i soldados de la guarnición del buque, alcanza a 167 individuos. Incluyo a V. S. la lista nominal de esos prisioneros.

Creo un deber de estricta justicia recomendar al comandante, a los oficiales i a la tripulación del blindado, que tanto durante el combate, como en la fatigosa tarea de la salvación del buque rendido, han sabido cumplir dignamente con su deber. En la captura de que doi cuenta a V. S., no hemos tenido que lamentar ninguna baja en la tripulación del Blanco Encalada. En la del buque enemigo solo hubo un herido i no de gravedad. Actualmente se trabaja con empeño en estraer toda el agua de la Pilcomayo i en prepararla para que pueda efectuar su viaje a Valparaíso. Los prisioneros han sido, por orden de V. S., trasbordados hoi al vapor Loa.

Dios guarde a V. S.
GALVARINO RIVEROS.

18 de noviembre 1971: La patrullera de costa BAP Río Chira, construida en el Servicio Industrial de la Marina, es bautizada en la Base Naval del Callao. 

18 de noviembre 1982: Se afirma el pabellón del submarino BAP Chipana (SS 34). 

EFEMERIDES MARÍTIMAS Y NAVALES

Colaboración del C. de N. Edgardo Loret de Mola
Responsable de la edición: Rosario Yika Uribe

Fuente: Cinco siglos del destino marítimo  del Perú, de Esperanza Navarro Pantac: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, 2016

 Efemérides Navales de Hoy 17 de Noviembre



17 de noviembre 1837: En el marco de la guerra de Chile contra la Confederación Perú-boliviana, se firma el tratado de Paz de Paucarpata entre la Confederación Perú-Boliviana y la República de Chile. 

Este tratado NO dió término a la agresión chilena contra la Confederación ya que el gobierno del presidente de Chile, José Joaquín Prieto Vial, al regreso de la expedición restauradora a Chile emitió un decreto desconociendo el tratado firmado, aduciendo entre otras cosas que los representantes chilenos no tenían facultades para hacer la paz, por lo que el estado de guerra continuaría como antes del tratado de Paucarpata. Se encargó de llevar estas noticias a Arica el jefe de la escuadra chilena Roberto Simpson quien por medio del gobernador de la plaza las comunicó a Irrisari y a las autoridades de la Confederación, para inmediatamente luego continuar al norte con intención de batir a las naves peruanas con las que sostuvo un encuentro en Islay el 12 de enero. Las instrucciones que el gobierno de Chile daba a Irisarri eran que regresara tan pronto como pudiera con los enfermos, pertrechos y caudales chilenos que habían quedado en el país, lo que en la práctica era imposible pues, como reconocía el mismo coronel chileno, al reiniciar las hostilidades su gobierno la Confederación estaba en el derecho de tomarlos prisioneros y embargar sus bienes. Irisarri mandó entonces una carta particular a Santa Cruz en la que solicitaba que por un acto humanitario los enfermos chilenos no fueran tratados como prisioneros de guerra, en su respuesta el Protector, tras lamentar el reinicio del estado de guerra y los males que esta traería, le decía: "Como esta ocurrencia no altera en ningún modo los sentimientos de benevolencia que siempre que no he cesado de manifestar a la nación chilena, cuya causa he separado siempre de la de los hombres que la rigen no he tenido motivo para retractar mi determinación relativa a los individuos de al expedición invasora que quedaron enfermos en Arequipa. En consecuencia he mandado que los oficiales y soldados sean restituidos a su país por la primera ocasión que se presente, después de juramentados los primeros(no volver a tomar las armas contra la confederación), según se acostumbra en semejantes ocasiones. Al restituir de ese modo cien hijos suyos a Chile, condenados por su gobierno a la condición de prisioneros, espero que esa Nación me hará la justicia de creerme consecuente a mis principios pacíficos y benévolos”. Por los resultados de esta campaña fueron levantados cargos contra el general Manuel Blanco Encalada y el coronel Antonio Irisarri, aunque el primero de ellos fue finalmente absuelto no ocurrió lo mismo con el segundo que tras ser juzgado y condenado por alta traición hubo de exiliarse en Colombia para luego pasar a Estados Unidos país donde fallecería en 1868 mientras ejercía como representante diplomático de Guatemala alcanzando notoriedad y reconocimiento en ambos países por su desempeño y producción literaria, y​ Chile, muy fiel a su estilo histórico, volvió a atacar a la Confederación.

Veamos los términos del Tratado que Chile desconoció:

"TRATADO DE PAZ Y AMISTAD (PAUCARPATA) ENTRE LA CONFEDERACION PERÚ-BOLIVIANA Y LA REPUBLICA DE CHILE (17 de noviembre de 1837)

En nombre de Dios, todopoderoso, Autor y Legislador de las Sociedades Humanas. Deseando los gobiernos de la Confederación Perú – Boliviana y de la Republica de Chile, restablecer la paz y la buena armonía, que desgraciadamente se hallaban alteradas, y estrechar sus relaciones de la manera más franca, justa y mutuamente ventajosa, han tenido a bien; nombrar para este objeto, por sus Ministros Plenipotenciarios; por parte de S.E. el Supremo Protector de la Confederación, a los Istmos. Señores Generales de División, don Ramón Herrera y don Anselmo Quirós; y por parte de S.E. el presidente de la Republica de Chile, al Excmo., señor General en Jefe del Ejército de Chile, don Manuel Blanco Encalada y el señor Coronel don Antonio José de Irisarry, los cuales, después de haber canjeado sus respectivos plenos poderes, y haberlos encontrado en buena y debida forma, han convenido en los artículos siguientes:
Artículo 1. Habrá paz perpetua y amistad entre la confederación Perú-Boliviana y la republica de Chile, comprometiéndose sus respectivos gobiernos a sepultar en olvido sus quejas respectivas, y abstenerse en lo sucesivo de toda reclamación sobre lo ocurrido en el curso de las desavenencias que han motivado la guerra actual.
Artículo 2. El gobierno de la confederación reitera la declaración solemne, que tantas veces a hecho, de no haber jamás autorizado ningún acto ofensivo a la independencia y tranquilidad de la Republica de Chile, y a su vez, el gobierno de esta, declara, que nunca fue su intención, al apoderarse de los buques de la Escuadra de la Confederación, apropiárselos en calidad de presa, sino mantenerlos en depósitos para restituirlos, como se ofrece hacerlo, en los términos que en este Tratado se estipulan.
Artículo 3. El gobierno de Chile se compromete a devolver al de la Confederación los buques siguientes: la barca “Santa Cruz”, el Bergantín “Arequipeño” y la goleta “Peruviana”. Estos buques serán entregados a los ocho días de firmado el tratado por ambas partes, a disposición de un comisionado del gobierno Protectoral.
Artículo 4. A los seis días después de ratificado este Tratado, por S.E. el Protector, el Ejercito de Chile se retirara al puerto de Quilca, donde están sus transportes, para verificar su embarque y regreso a su país. El gobierno de Chile enviara su ratificación al puerto de Arica, dentro de cincuenta días, contados desde esta fecha.
Artículo 5. Los gobiernos de la Confederación y de Chile se comprometen a celebrar Tratados especiales, relativos a sus mutuos intereses mercantiles, los cuales serán recíprocamente considerados, desde la fecha de la ratificación de este Tratado por el gobierno de Chile, como los de la Nación mas favorecida.
Artículo 6. El gobierno Protectoral se ofrece a haber un Tratado de paz con el de las Provincias Argentinas, tan luego como este lo quiera; y el de Chile queda comprometido a interponer sus buenos oficios para conseguir dicho objeto, sobre la base en que los dos gobiernos convengan.
Artículo 7. Las dos partes contratantes adoptan, como base de sus mutuas relaciones, el principio de la no intervención en sus asuntos domésticos, y se comprometen a no consentir, que en sus respectivos territorios se fragüen planes de conspiración ni ataque contra el gobierno existente ni las instituciones del otro.
Artículo 8. Las dos partes contratantes se obligan a no tomar jamás las armas la una contra la otra, sin haberse entendido y dado todas las explicaciones que basten a satisfacerse recíprocamente, y sin haber agotado ante todos los medios posibles de conciliación y avenimiento, y sin haber expuesto estos motivos al gobierno garante.
Artículo 9. El gobierno Protectoral reconoce a favor de la Republica de Chile, el millón y medio de pesos a la cantidad que resulte haberse entregado al Ministro Plenipotenciario del Perú, don José Larrea y Loredo, procedente del empréstito contraído en Londres, por el gobierno Chileno; y se obliga a satisfacerla en los mismos términos y plazos en que la Republica de Chile satisfaga el referido capital del empréstito.
Artículo 10. Los intereses devengados por este capital, y debidos a los prestamistas, se satisfarán por el gobierno de la Confederación en los términos y plazos convenientes, para que el gobierno de Chile pueda satisfacer oportunamente con dichos intereses a los prestamistas.
Artículo 11. La parte correspondiente a los intereses del capital mencionado en el articulo 9º., ya satisfechos por el gobierno de Chile a los prestamistas, en los dividendos pagados hasta la fecha, y que a debido satisfacer el gobierno del Perú, según la estipulación hecha entre los Ministros Plenipotenciarios de las republicas Chile y el Perú, se pagara por el gobierno de la Confederación, en tres plazos: el primero, de la tercera parte, a los seis meses contados desde la ratificación de este tratado por el gobierno de Chile; el segundo a los seis meses siguientes; y el tercero, después de igual plazo.
Artículo 12. El gobierno de la Confederación ofrece no hacer cargo alguno por su conducta política a los individuos del territorio que ha ocupado el Ejército de Chile, y considerara a los peruanos que han venido con dicho ejército, como si no hubiesen venido.
Artículo 13. El cumplimiento de este Tratado se pone bajo la garantía de Su Majestad Británica, cuya aquiescencia se solicitara por ambos gobiernos contratantes.
En fe de lo cual, firmaron el presente Tratado los supradichos Ministros Plenipotenciarios, en el pueblo de Paucarpata, a diez y siete de noviembre de mil ochocientos treinta y siete, y lo refrendaron los Secretarios de las Legaciones. Manuel Blanco Encalada.- Ramón Herrera.- Anselmo Quirós.- Antonio José de Irasarry.- Dr. Juan Gualberto Valdivia, Secretario de la Legación Perú-Boliviana.- Juan Ramírez, Secretario de la Legación Chilena.
Andrés Santa Cruz, Gran ciudadano, Restaurador, Capitán General y Presidente de Bolivia, Supremo Protector de la Confederación Perú-Boliviana, Gran Mariscal, Pacificador del Perú, General de Brigada en Colombia, Condecorado con las medallas de Libertadores de Quiro y de Pichincha, con la del Libertador Simón Bolívar y con la de Cobija, Gran Oficial de la legión de Honor Boliviana y de la Nacional del Perú, etc., etc.
Hallándose este Tratado conforme con las instrucciones dadas por mí a los Plenipotenciarios nombrados al efecto, lo ratifico solemnemente en todas sus partes, quedando encargado mi Secretario General de hacerlo observar, imprimir y publicar.
Dado en el Cuartel General de Paucarpata, a 17 de noviembre de 1837. Andrés de Santa Cruz Manuel de la Cruz Méndez Secretario General"

Y ahora veamos los primeros párrafos del Libro “Defensa de los tratados de Paz de Paucarpata” que el Coronel Irisarri escribió y que son esclarecedores de las intenciones del gobierno de Chile:

Los tratados de paz de Paucarpata, que dejaban bien puesto el honor de las armas de Chile, que terminaban la guerra de un modo satisfactorio para aquella República, que salvaron al ejército chileno de una derrota segura, que, en fin, daban la mayor gloria posible en una contienda la mas azarosa al gobierno que ostentaba menos fuerza; estos tratados, digo, tan favorables a la nacion Chilena, han sido desaprobados, y han traido a los Plenipotenciarios de aquella nacion, por recompensa de sus servicios, los mas groseros insultos y los mas indignos tratamientos.
Si el haber celebrado estos tratados es un crimen, yo quiero que se me eche a mí toda la culpa, y que se descargue al Jeneral Blanco de la parte que le toca, confesando yo, como lo hago en este escrito, que aquel Jeneral estubo siempre mas dispuesto a dar una batalla al ejército del Protector, que a terminar la guerra por medio de las estipulaciones de Paucarpata. Yo le convenci de la necesidad de hacerlo que se hizo, para salvar el ejército, y no comprometer en la suerte de este, amenazado de una segura derrota, los intereses de Chile. El Jeneral Blanco está suficientemente vindicado en la comunicacion que diriji al Señor Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, con fecha 18 de Noviembre de 1837, que se hallara bajo el Nº 1.° en el Apendice de esta defensa.

Aunque no debia yo contestar los cargos que se me hacen por hombres injustos en Chile sobre las operaciones del ejército, de que solo el Jeneral en Jefe puede ser responsable, me propongo tambien en este escrito hacer la defensa de la conducta militar de este Jeneral en Jefe, porque conviene que se tenga una idea exacta de la materia; pero esta defensa del Jeneral Blanco no la hare, sino despues de haber concluido la de los tratados de paz, dejando solo anunciado por ahora el hecho 
de que la fuerza chilena que ocupaba a Arequipa, ni podía dar mas valor a la justicia de Chile, ni era capaz de hacer inclinar la balanza de la equidad en favor de su causa.

El primer hecho que debo yo probar para justificar los tratados es el de que los Ministros Plenipotenciarios de Chile estaban autorizados para hacerlos separandose de sus instrucciones. En el Araucano de 22 de Diciembre de 1837 se halla publicado el articula 5.° de aquellas instrucciones, que dice:—
“Si por algun motivo que no es fácil preveer, se viesen UU. SS. en la necesidad de estipular con el enemigo alguna cosa que esceda de sus instrucciones, o que las contrarie en materia importante, ecsije la buena fe que UU. SS. lo hagan presente a la persona o personas con quienes tratasen, de manera que se reserve al Gobierno de Chile una plena libertad para ratificarlo, o no, segun lo juzgare conveniente."— Claro está que nuestras mismas instrucciones nos autorizaban para obrar segun nuestra prudencia nos lo aconsejase en los casos no previstos, con la sola obligacion de dejar al Gobierno de Chile en libertad de aceptar o no el tratado que hiciesemos. Asi es que no habia mas que una sola cosa que nos estubiese prohibida, no por las instrucciones, sino por la esencia de nuestra comision, y esta cosa era el ofender en manera alguna los derechos de la nacion de que estabamos encargados.

Es preciso, pues, manifestar cuáles san estos derechos, y cuál la naturaleza de la cuestion politica que habia orijinado la guerra , para que se conozca si los Ministros Plenipotenciarios del Gobierno de Chile han desempeñado sus deberes en el caso crítico en que se encontraron; y para saber si los tratados son dignos de elogio o de vituperio, es necesario considerar las causas de la guerra, como las consideraran los politicos, con arreglo a los principios moderados del Derecho de Jentes, y no como las han querido ver personas apasionadas, dejándose llevar de aquella exaltacion perniciosa, que es la mas contraria a los intereses verdaderos de los pueblos, y que ha producido en todos tiempos las mas grandes calamidades.
Las causas de esta guerra no pueden ser otras que las que se hallan consignadas en la ratificacion de la guerra dada por el Congreso de Chile en 24 de Diciembre de 1836, y se copia literalmente en el Nº 4. ° del Apendice.— Estas causas son:— primera, amenazar el Jeneral Santa-Cruz la independencia do las Repúblicas Sur-Americanas:— segunda, haber consentido el mismo Jeneral en que se formase en el Callao la espedicion de D. Ramon Freire, hecha en buques de la República Peruana;—. tercera, haber puesto preso el mismo Jeneral al Encargado de Negocios de Chile despues del suceso del Aquiles en el Callao.— Es evidente que las tres referidas han sido las unicas causas que ha habido para declarar la guerra al Gobierno del Jeneral Santa-Cruz, pues a haber habido mas, mas se hubieran alegado.

Pero estas causas, por probadas y lejítimas que sean para justificar la declaracion de la guerra, ¿podrán ser bastantes para no hacer jamas la paz con los pueblos en que manda el Jeneral Santa-Cruz? ¿Se conoce en la politica causa alguna lejitima para hacer interminables los estragos, las ruinas, los males de toda especie que causa la guerra mas justa, hecha con la mayor moderacion? Si el Jeneral Santa-Cruz fuese capaz de sostener esta guerra veinte y cinco años, y si Chile se hallase en situacion de continuar hostilizandole durante este periodo de tiempo, ¿habria razon alguna, habria la menor sombra de justicia en el Gobierno de Chile para hacer sentir los terribles males de la guerra a toda la presente jeneracion y a parte de la futura, solo porque algunos hombres creyeron ver amenazada la independencia de Chile?



17 de noviembre 1849: El Congreso aprueba la Ley General de Inmigración (conocida como Ley China), que patrocina la inmigración de chinos. 

En 1849 se inició la llegada de los culíes chinos, originada por la escasez de mano de obra en la agricultura debido a la abolición de la esclavitud por el Presidente Ramón Castilla. El destino no fue exclusivamente agrícola, en los primeros años se les destinó tanto a la agri­cultura como al trabajo en las islas guaneras y en la servi­dumbre urbana. En este comercio o trata de semi-esclavos participaron y se enriquecieron hacendados, po­líticos y comerciantes. Este tipo de comercio fue una de las formas de acumulación de ca­pitales en el siglo pasado. Los gobiernos que se sucedieron en la segunda mitad del siglo pasado dieron apoyo, tanto al tráfico como al silenciamiento, al duro trato que los hacenda­dos infligieron a los culíes. Mediante ley de 1849. lla­mada "Ley China", se permitió el ingreso masivo de los trabaja­dores chinos. En octubre de 1849 acoderó en el puerto del Callao la barca danesa "Frederick Wilhem" trasladando a los primeros 75 culíes chinos al Perú. Entre los años 1849 a 1880 el lucrativo negocio de importar trabajadores desde China Imperial trajo entre 90 y 100 mil chinos al puerto del Callao y a otros puertos pe­ruanos. La durísima travesía demoraba cerca de 120 días en realizarse. Para hacer posible el traslado de toda esta población hubo un engaño legal que consistía en hacer firmar en la misma China un contrato a los incautos "co­lonos". Los contratos se firma­ban en condiciones de presión por deudas y, de manera gene­ral, en circunstancias de an­gustia individual de todo tipo. El Estado peruano otorgó a par­ticulares la facultad de importar esta mano de obra por interme­dio de concesiones mediante la suscripción de contratos.

De 1849 a 1854 llegaron al Perú 4.754 chinos según datos de Castro Mendoza. Cuando los barcos llegaban a los puer­tos, los contratos de los chinos eran traspasados a sus patro­nes, que generalmente era ha­cendados. En 1851 los efectos en la agricultura se dejaron sentir con una mayor productividad lo que originó que cerca de 98 empre­sarios se dedicaran a este ne­gocio. Esta nueva dinámica agrícola, gracias a la presencia china, favoreció en los primeros años solamente a un sector minoritario de los hacendados costeños.




























El contrato que se muestra, firmado en Macao, habilita la immigración de un hombre de 22 años llamado Chang Teng a la ciudad de Lima para trabajar como un “cultivador, jardinero, cuidador de ganado, sirviente hogareño o trabajador general” durante un término de ocho años, con un salario de ocho pesos por mes. El contrato también está escrito en Chino en el reverso. Teng, que probablemente era analfabeto, firmó con su huella digital en el lado en idioma chino. Decenas de miles de personas inmigraron de la China al Peru vía Macao como sirvientes contratados en la segunda mitad del Siglo XIX, marcando la primera ola de inmigrantes asiáticos al país. Hoy la comunidad Chino-Peruana suma más de un millón de personas .














17 de noviembre 1919: Local del Ministerio de Marina: Debiendo instalarse el Ministerio en el local situado en la Avenida de la Colmena, que antes ocupaba el Ministerio de Relaciones Exteriores, se autoriza invertir para realizar las reparaciones necesarias con carácter de urgencia. 

En la tercera foto, el local del Ministerio de Marina se puede ver en el lado izquiedo de la foto, a la derecha del tranvía y en la cuarta se aprecia el hall principal del Ministerio con la estatua de la diosa Concordia que lo adornaba y que en la actualidad se encuentra en el patio interior del Edificio de Aulas de nuestra Escuela Naval del Perú (quinta foto) la misma que por mucho tiempo se pensó, equivocadamente, que era la imagen de la diosa romana Minerva, pero que ha sido correctamente identificada en fecha reciente: el sábado 14 de octubre del 2017, gracias al trabajo conjunto de investigación del Director de la Escuela Naval del Perú, Calm Luis Polar y dos cultores y amantes de nuestra vieja Lima, los Srs. David Pino y Daniel Tipian. 

La diosa Concordia era tan importante en Roma que tenía su propio templo ubicado en el Foro Romano, al costado del Templo del dios Saturno. (La sexta foto muestra el templo de Concordia en un círculo rojo y la sétima al mismo templo y a su lado el del dios Saturno).

La diosa Concordia era la diosa del acuerdo, la comprensión y la harmonía marital. También se le asociaba con la paz y estabilidad social. La diosa Concordia de la estatua en la ENP sostiene una haz o “fasces" en sus manos, que es un conjunto de varillas, símbolo de la autoridad republicana en la antigua Roma, porque representa la fuerza a través de la unidad, ya que si bien cada varilla del “fasces" era frágil, todas las varillas en conjunto constituían una fuerza apreciable.}






17 de noviembre 1961: Por Resolución Legislativa No 13522, se dispone la inhumación de los restos del contralmirante Elías Bonnemaison en la Cripta de los Héroes de la Guerra de 1879. 

Manuel Elias Bonnemaison  Torres
Nació en Lima en 1862. Hijo de don Juan Elías Bonnemaison y de doña Gumercinda Torres. Era alumno de la Escuela Preparatoria naval cuando estalló la Guerra del Pacífico. Embarcado en el Huáscar, como aspirante de marina, asistió a todas las acciones de dicho buque hasta el Combate naval de Angamos. Estuvo presente en Miraflores como oficial. Años después de la guerra, estudió ingeniería en Suiza y sirvió en la Legación del Perú en Londres. Fue cónsul general en Argentina (1904-21) y ministro plenipotenciario en China y Japón. Representó al Perú en diversos certámenes y conferencias internacionales. Se casó con Paulina Tarnassi, teniendo descendencia.
Fue el último sobreviviente del combate de Angamos ya que falleció en Lima en 1961, a los 99 años.








17 de noviembre 1965: Pescadores confirman desaparición de la anchoveta 



17 de noviembre 1976: En los astilleros italianos Cantieri Navali Riuniti de Riva Trigoso, se lleva a cabo la ceremonia de lanzamiento del BAP Carvajal, el cual había sido puesto en gradas el 8 de octubre de 1974 (Con la asistencia del señor Ministro de Marina y Comandante General de la Marina Almirante Jorge Parodi Galliani, la fragata misilera portahelicópteros BAP Carvajal FM-51 fue bautizada el 13 de noviembre de 1976 por su esposa, señora Carmen Quesada de Parodi, y en la presencia del CdeN Oscar Anderson Noriega, Jefe de la Comisión Naval de Inspección de Fragatas en Italia, pero las condiciones meteorológicas y de mar impidieron su lanzamiento, el que fue efectuado el 17 de noviembre) 

La Fragata BAP Carvajal constituyó una enorme salto tecnológico para nuestra Marina al reunir muchos "primeros": primer buque de superficie en ser expresamente construído para nuestra Marina de Guerra desde que los Cruceros Almirante Grau y Coronel Bolognesi lo fueron en 1906; primero en ser expresamente construido como misilero; primero en ser construido expresamente como verdadero portahelicóptero, primero en tener una aeronave como parte integral de sus sistemas de armas, primero en tener defensa antiaérea misilera; primero en tener defensa antimisil; primero en tener cañones automatizados, primero en tener lanzadores de chaff; primero en tener una planta de ingeniería CODOG (Diesel o Turbina a Gas) totalmente automatizada, primero en tener hélices con paso variable y primero en tener aletas estabilizadoras)

17 de noviembre 1980: Se afirma el pabellón nacional del BAP De Los Heros, en el puerto francés de Lorient.